26 agosto 2013

HOMOFOBIA RECALCITRANTE by Joan Miquel Perpinya Barceló

El señor Agustín Buades, también conocido como Instituto de Política Familiar de Baleares, tiene la costumbre de enviar a los medios de comunicación aburridos e insulsos comunicados de prensa cada fin de semana para asegurarse que ante la escasez informativa los medios publicarán sus ocurrencias, a menudo camufladas entre datos estadísticos de origen diverso. Son conocidas, gracias a ello, sus posturas beligerantes hacia el aborto y la homosexualidad, entre otras cuestiones.

Sin embargo, la reciente noticia de que una pareja de jóvenes gais mallorquines van a ser padres a través de maternidad subrogada ha dado la oportunidad de salirse de su pauta semanal y emitir un comunicado que retrata al personaje y deja a las claras lo que pretende desde su plataforma: someter a toda la ciudadanía a su rasero moral y hacernos comulgar a todos con su visión ética ultracatólica de la familia tradicional, única válida para él. Se le ha presentado, pues, una ocasión única para ilustrarnos sobre la finalidad de las técnicas de procreación asistida que a él le han sido reveladas exclusivamente y cuya interpretación sólo él está en condiciones de hacer; sobre lo que conviene o no a los menores; sobre los deseos y pretensiones de las parejas de tener descendencia, etc. Como se puede ver, asuntos todos de una raíz íntima y personalísima sobre los que el señor Buades, desde su alta cátedra y su infinita sabiduría, establece doctrina según su peculiar visión y lo que es peor, quiere obligarnos a todos a pasar por el aro de sus convicciones morales.

En mi opinión, Agustín Buades es un homófobo recalcitrante. Lo demuestra su último comunicado de prensa fechado el 23 de agosto, donde siembra dudas de que los hijos de la pareja gay en cuestión vayan a tener “un patrimonio genético”, “una gestación y un nacimiento humanamente dignos” y “una familia normalmente constituida, que aseguren el íntegro desarrollo de su personalidad”. Lo que aquí subyace es que Buades considera que a los niños que van a venir se les priva de una familia, cuando tal cosa es absoluta y radicalmente falsa. Es cierto que no una familia tradicional, pero una familia a fin de cuentas. Una familia que Buades considera no idónea y a la que atribuye irremisiblemente problemas “de orden psicológico, jurídico y social”, que acompañarán toda su vida a los niños.

Lo que la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 establece sin género de dudas es que “siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiento de afecto y de seguridad moral y material”. Y esto, a priori, no lo garantiza una familia heterosexual, sino que lo garantizan la responsabilidad, el amor y el deseo de paternidad/maternidad.

El señor Buades y su Instituto jamás han mostrado la más mínima preocupación por los niños huérfanos, o en situación de desamparo, o los nacidos de madres viudas, sino únicamente por aquellos que no nacen en el seno de una familia tradicional “de un acto de amor verdadero”, lo cual demuestra que a él el interés superior del menor le importa un comino, excepto cuando hay una pareja homosexual por en medio, síntoma inequívoco de su odio hacia los homosexuales.

El señor Buades estaría encantado de vivir en Rusia, pero esto no es Rusia, es España, donde aunque a él le revuelva las tripas, el matrimonio entre personas del mismo sexo es absolutamente legal, constitucional y equiparable en todo al matrimonio entre personas de diferente sexo. Los hijos de las parejas homosexuales, de gais y lesbianas, también niños, son sus hijos y las suyas también son familias que merecen todo el respeto y la protección que las demás. Le guste o no. Sea esto conforme con su ultramontana moral católica o no lo sea. No es posible aceptar juicios apriorísticos sobre la capacidad de los homosexuales para tener hijos y criarlos en un ambiente positivo que favorezca su desarrollo integral en un espíritu de comprensión y tolerancia. El colectivo LGTB ha demostrado estar dispuesto para luchar por sus derechos como familias con los mismos derechos que las demás. Y el señor Buades haría bien en no someter a nadie a sus humillaciones gratuitas ni a sus burlas. La dignidad de las personas está por encima de todo esto. Si quiere vejar homosexuales, puede irse a vivir a Rusia, donde gracias a la ley de Putin es previsible que se sienta mucho más a gusto que aquí.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta institución está obsoleta, ya que sólo reconoce una parte de lo que hoy se considera diferentes maneras de estar en familia.

Un niño no necesita "un padre y una madre": un niño necesita AMOR dentro de una familia. Y estos dos futuros padres de quintillizos SON familia.

Anónimo dijo...

cuanta letra...me da pereza leerlo...

Anónimo dijo...

Lo mismo que el anonimo 2, que coñazo ha escrito este hombre, con lo facil que es decir "es un homofogo y esta institucion no deberia existir" ya lo hubiera solucionado. Uffffff...

El jardín de Don Perlimplín dijo...

Si, coartemos la libertad de expresión de la gente, una maravillosa idea

Anónimo dijo...

Si la libertad de expresión de la gente atenta contra las libertades individuales de otra gente, sí hay que coartarla.