31 julio 2014

Homofobia, acción y reacción

Un periodista italiano reflexiona sobre la homofobia y el valor de una mayoría de ciudadanos que rechaza este comportamiento

FEDERICO BITTI - Aquí estamos, después de sobrevivir a una agresión xeno- homo- o simplemente -foba. En Menorca, joya de las Baleares y orgullo acogedor de una España que intenta olvidar la atmósfera deprimente de la crisis, hay tiempo para el odio.

Quizás porque estábamos desnudos (en una playa nudista), tal vez porque somos autóctonos sólo a medias o puede que culpables de ser dos hombres claramente felices de la recíproca compañía. Allí apareció la bestia, amenazándonos con el palo de una sombrilla, vomitando su odio sin fin, buscando una provocación para seguir atacándonos. Su amigo, que intenta calmarlo, nos pide perdón con una mirada; la mujer (del amigo), avergonzada, huye de la playa como un ladrón, y poco después lo hace el resto de su familia. Él se queda, y dos bellas mujeres salen en nuestra defensa gritándole "sinvergüenza". Nosotros respondemos, firmes -paralizados más por la incredulidad que por el miedo- y sin ceder a sus provocaciones. Abandonado completamente por su familia (queda sólo el amigo que sigue intentando calmarlo) y rodeado por la desaprobación unánime, se larga gruñendo que a él de la playa no lo echa nadie. En ese momento, TODA LA PLAYA rompe en un enorme y espontáneo aplauso de apoyo, felices de que ese amasijo de intolerancia insensata dejase libre un espacio compartido hasta el momento con la más absoluta tranquilidad.

Nunca me había sucedido algo así y a pesar de los años que he invertido en denunciar, manifestar y llamar la atención sobre los temas de siempre al ritmo de "ya están otra vez estos gays", descubro nuevamente que la violencia física hiere pero la discriminación violenta envenena, porque nos siembra la duda del sentirnos equivocados y nos deja con la rabia de un puñetazo que nos habría gustado dar y en cambio sentimos haber recibido nosotros mismos en el estómago. Y no puedo hacer sino pensar en quien no tiene los recursos para entender, hacerse entender y defenderse dentro y fuera. En quien no ha tenido o no tendrá nunca una playa que se levante y aplauda. Y me rompe el corazón.

Si esto sucede en la almodovariana post-zapateriana España, me pregunto qué puede y debe pasar en la Italia del berlusconiano anti-gay Giovanardi, de la ultracatólica diputada Binetti y del DICO (propuesta de ley para el reconocimiento de las parejas gay no aprobada), para que nos demos cuenta de que una ley contra la homofobia -ni siquiera una reforma constitucional- es urgente, no tanto por lo que castigará sino para conseguir unir las voces de aquella playa y escuchar aún más fuerte aquel aplauso que en parte hoy nos ha salvado"

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