
Según datos del CNP los cinco brasileños que se prostituían en el piso vivían hacinados en una habitación y coaccionados por el dueño de la vivienda (español de 54 años) y su novio (brasileño de 22 años) Ya van demasiados casos en Palma y seguramente la cosa no ha tocado aún a su fin.
Es hora para que muchos usuarios de los servicios de prostitución masculina empiecen a hacer un poco de autocrítica y cuando decidan pagar por sexo se aseguren de que la relación que van a tener sea consentida y de que el chapero en cuestión no esté coaccionado por ninguna otra persona.
No podemos ser cómplices del tráfico de personas, la extorsión y la trata de blancas mientras miramos hacia otro lado con tal de echar un kiki. A veces tengo la sensación de que en el "ambiente gay" toleramos ciertas cosas con las que deberíamos ser algo más estrictos...¿no?