06 diciembre 2015

"Grindr mató el ambiente gay" por Chema Ferrer

Parafraseando aquella vieja canción de The Buggles titulada “Video killed the radio star” podemos decir que el Grindr mató el ambiente gay. Echando una mirada atrás en Madrid, Barcelona, Palma o cualquier otra ciudad nos damos cuenta que en cuestión de bares y discotecas de ambiente cualquier tiempo pasado fue mejor. Las razones son variadas y las teorías diversas pero de lo que no cabe duda es que la puntilla que acabó por dejar el ambiente en estado de coma fueron las redes sociales para gays en Internet.

Para ser justos diremos que la crisis económica y la normalización de la homosexualidad culminada con la Ley de Matrimonio Igualitario también fueron culpables de que los barrios gays como Chueca o el Gayxample perdiesen mucha fuerza o el caso de Gomila en Palma que pasó a mejor vida como zona de encuentro y esparcimiento  LGTBI.

Antiguamente un gay si quería ligar tenía que salir el fin de semana. Además el hecho de que la homosexualidad no estuviese normalizada como lo está hoy en día hacía que el salir por bares de ambiente fuese una vía de escape y un balón de oxígeno para muchos gays y lesbianas que vivían una doble vida entre semana. La normalización devenida desde el 2005 ha hecho que un gay o una lesbiana puedan vivir su condición sexual con normalidad las 24 horas del día, pudiendo ir a bares no exclusivamente de ambiente sin tener que esconderse y sin necesitar salir por locales exclusivamente para homosexuales. La crisis económica también provocó el cierre de muchos bares y discotecas que hoy en día cuesta mucho rentabilizar, además de que por desgracia faltan buenas ideas y es que no basta con poner un cuarto oscuro, agujeros en las paredes y el último temazo de Mónica Naranjo.

Pero lo que realmente ha acabado con el ambiente es el Grindr y sus sucedáneos, redes sociales que sirven para que gays y lesbianas se conozcan y puedan mantener relaciones sexuales sin necesidad de poner un pie en ningún bar o discoteca. Haciendo un clic desde el móvil o el ordenador podemos ver los gays que tenemos más cerca, si son activos o pasivos, si quieren amor eterno o un “aquítepilloaquítemato”, mientras los restauradores y dueños de locales de noche ven como cada vez cuesta más hacer una buena caja, llenar un local y mantener esos locales que durante décadas sirvieron como punto de encuentro e hicieron que nos sintiéramos parte de un colectivo. Siempre nos quedará el recuerdo de grandes noches, turistas desatados, espectáculos memorables y la sensación de que vivimos grandes momentos.

Artículo publicado el 5 de diciembre de 2015 en www.ibizadiario.info