13 octubre 2010

La vergüenza de Valencia


Me considero afortunado porque de todos los lugares donde pude haber nacido y no lo hice, uno de ellos fue Valencia y es que viendo las cosas que ocurren en la tierra de las flores, de la luz y de los trajes uno no puede sentir más que grima y repelús.



A petición del Arzobispo de turno y sus secuaces coge el presidente Camps y no tiene otra ocurrencia que retirar la Educación Sexual de todos los colegios. Por si eso no bastase, en los institutos "valencianets" han bloqueado el acceso desde los ordenadores a páginas web de diversidad afectivo-sexual.



Como si no tuviese casos Gúrtel más importantes de los que preocuparse el presidente Camps se dedica a censurar y a ofender a alumn@s ilusionad@s con ser como Rita Barberá de mayores (y no me refiero a que todas quieran ser alcaldesas de sus respectivos pueblos)



¿Qué sería de la comunidad LGTB valenciana sin una asociación como LAMBDA que defiende sus derechos y está siempre al pie del cañón? ¿Qué pretende la Generalitat Valenciana eliminando los referentes LGTB de las aulas valencianas? ¿Por qué la Iglesia Católica se mete en estos temas y en cambio se mantiene callada ante las tropelías y escándalos que afectan al gobierno de Camps?

2 comentarios:

José Sánchez dijo...

En València todavía quedamos irreductibles voces que gritamos contra todas estas cosas. Lo vengo a decir porque no debemos confundir los términos. Yo me siento orgulloso de ser valenciano y de Valencia y de mucha gente que no se calla ante estas atrocidades (el año pasado nos manifestamos 30.000 personas por el centro de la ciudad contra el president Camps). De lo que uno no se puede sentir nunca orgulloso es del Govern que tenemos. Uno puede sentir grima y repelús de la Generalitat y de las instituciones, grima y vergüenza. Pero el Pais Valencià es una buena tierra para nacer, cafres hay en todas partes lo malo es que el más grande está en el Palau de la Generalitat.

Anónimo dijo...

Ay, Jose. De valenciano a valenciano te diré que un cafre como ese (por no llamarle hijo de la grandísima) sólo llega y permanece en el Palau de la Generalitat si muchos muchísimos (cada vez más) valencianos y valencianas lo votan elecciones tras elecciones. Así que, vergüenza de las instituciones por supuesto, pero de gran parte de la población, yo no puedo evitar sentirla también. También es cierto que todo eso es directamente proporcional al valor de la gente que aún pelea por que las cosas cambien. Ánimo paisano.

Jose Mateo