02 abril 2011

Un relato de CLEPTOMY HURTADO



Las invitaciones hicieron su efecto y no dejaban de traer caras nuevas llenas de falso asombro de bienvenida, como marca el protocolo. Las más fulanas se arriesgaron en ir embutidas en extraños atuendos y altísimos tacones como reclamo ortopédico para sentirse deseadas, pero en escote, silicona y veneno no me ganaba nadie.

El event llevaba media hora y ya estaba podrido de las más selectas (y demasiado conocidas) máscaras de la noche, los grupos de gente eran en realidad tristes bodegones vivientes, naturalezas muertas desde hacía tiempo. Tres de ellas, de las más absurdas, brindando con Cinzano y Cola, sin poder parar de gesticular sonrisas con cierto escarnio, como un viejo tic, mientras se apuñalaban con la mirada, iban a ser mi objetivo. Con los besos al aire de bienvenida les introduje en una conversación nauseabundamente frívola y, una vez ganada su confianza, las dejé con la miel en los labios alegando necesitar una copa más.

En el momento en que aparecieron de la nada dos go-go's ataviados exclusivamente con sendos cockrings de pedrería y plumón y aplaudidos y deseados por las más sedientas, me puse los guantes de blonda e introduje mi mano en un bolsillo cálido y lleno de promesas.

Ya había atesorado un gloss de Helena Rubistein, una barra labial de Clinique, una sombra de ojos que en realidad era otro tipo de polvos y ahora me hacía con un antiojeras de Lancôme. La noche no había hecho más que comenzar y ya había tenido cuatro orgasmos.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

mejor tus textos... este es raro y un poco aburrido

Anónimo dijo...

Soberbio. Podría leerme un libro así de un tirón en una noche. No sé a qué esperas.
Josito