Buenos días. Pues resulta que en Varsovia decidieron poner una escultura
de un arcoiris gigante pero por lo visto a muchos señores muy católicos
de esos de ¡¡Juan Pablo segundo te quiere todo el mundo!! y de muy de
las derechas esto de los arcoirises no les hacía mucha gracia y una y
otra vez quemaban el arcoiris para demostrar que en Polonia los arcoiris
no tenían cabida. Lo que pasa es que el poder del amor es más fuerte
que el del odio y al final a alguien se le ocurrió que esa escultura
podría ser de luz en vez del material inflamable con el que lo hacían y
desde entonces los polaquitos y polaquitas de Varsovia pueden disfrutar
del arcoiris como Dorothy en “El Mago de Oz” y los asesinos de arcoiris
están que rabian con tanto color y diversidad. Colorín colorado este
cuento ¿Se ha acabado?

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