Ya casi había perdido la esperanza, pensaba que no había muchos más chicos como yo y que Mallorca era un territorio reservado al mundo hetero pero ayer ví una luz al final del tunel y me di cuenta que en la “Resistencia” estamos muchos más de los que se ven a simple vista.
Una vez al año se celebra la “Nit de l’Art” que es una excusa chunga para que los profanos del arte nos acerquemos a los museos y galerías de arte para ver chulos, chulazos y chulánganos que ríete tú del “David” de Miguel Ángel o de esos torsos tan estupendos de la muerte que retrataba el gran Velázquez.
Dando ayer un paseo por Palma me di cuenta de la cantidad de gays que ni por aproximación pisan Gomila ni los bares de ambiente pero ello no significa que no existan o no sean tanto o más gays que un servidor que de ser gay lo es un rato largo. No recuerdo anteriormente haber tenido la sensación de vivir en una ciudad tan mari-cosmopolita aunque en realidad fuese un espejismo de una noche. Al principio me preguntaba cómo era posible que tantos chicos homosexuales no pisasen el ambiente pero tan pronto como me hacía la pregunta yo mismo me respondía al pensar en la realidad tan cruda y abrumadora.
A pesar del baño de multitudes rosa que me di he de reconocer que la mayoría de veces me giraba al paso de algún hetero de esos que te cortan la respiración; ni la niña de “El Exorcista” sería capaz de girar el cuello tan estupendamente como lo hacía yo ayer al cruzarme con algún machirulo garrulo. El premio de la noche se lo llevó un mozo que trabaja de guía de museo en Es Baluard, por ese chico yo también me retiraba del ambiente y de lo que hiciese falta y si él quisiera hasta podría pegarme y llamarme Marta.
Una vez al año se celebra la “Nit de l’Art” que es una excusa chunga para que los profanos del arte nos acerquemos a los museos y galerías de arte para ver chulos, chulazos y chulánganos que ríete tú del “David” de Miguel Ángel o de esos torsos tan estupendos de la muerte que retrataba el gran Velázquez.
Dando ayer un paseo por Palma me di cuenta de la cantidad de gays que ni por aproximación pisan Gomila ni los bares de ambiente pero ello no significa que no existan o no sean tanto o más gays que un servidor que de ser gay lo es un rato largo. No recuerdo anteriormente haber tenido la sensación de vivir en una ciudad tan mari-cosmopolita aunque en realidad fuese un espejismo de una noche. Al principio me preguntaba cómo era posible que tantos chicos homosexuales no pisasen el ambiente pero tan pronto como me hacía la pregunta yo mismo me respondía al pensar en la realidad tan cruda y abrumadora.
A pesar del baño de multitudes rosa que me di he de reconocer que la mayoría de veces me giraba al paso de algún hetero de esos que te cortan la respiración; ni la niña de “El Exorcista” sería capaz de girar el cuello tan estupendamente como lo hacía yo ayer al cruzarme con algún machirulo garrulo. El premio de la noche se lo llevó un mozo que trabaja de guía de museo en Es Baluard, por ese chico yo también me retiraba del ambiente y de lo que hiciese falta y si él quisiera hasta podría pegarme y llamarme Marta.