Cuando tenía unos 20 años y salía a alguna discoteca me llamaba clamorosamente la atención la presencia de una minoría de gays que podríamos denominar “maduros”. Eran clientes que ya habían cumplido los 40 años y otros los superaban con creces. Daba igual cuando salieses de fiesta porque ellos siempre o casi siempre estaban en la barra de la disco con su copazo en mano.
Aunque hoy me encuentro más cerca de la cuarentena que de la veintena, a pesar de que falta aún más de un lustro para ser cuarentón sigo pensando lo mismo que entonces y eso que cuando tenía 20 años alguien que me doblaba la edad parecía un abuelito mientras que hoy alguien que tenga sólo 40 es “madurete” para mi.
Yo creo que las discotecas están hechas para la gente joven, para su esparcimiento, diversión y desfogue. No quiere decir que los más mayores no puedan pisarlas de vez en cuando pero este artículo va referido a los que cada fin de semana tienen ya su lugar fijo en alguna de las barras, la pista de baile ya es un poco demasiado para ellos (no para todos). Seguro que a alguien se le ocurrirá decirme que hay sitio para todos y no se equivoca pero los gays con el síndrome de “Peter Pan” perdemos la noción de la realidad. Da igual que uno tenga 50 años porque se viste como un chavalote y hace las mismas cosas que cuando tenía 20 y ese tipo de “inmadurez” a veces es buena, otras…NO.
Nunca debemos perder al niño que llevamos dentro pero tampoco dejar que el chiquillo nos convierta en una caricatura de niñatos. Está claro que no tenemos porque seguir las mismas pautas marcadas por la sociedad cristiana y heterosexual pero debemos velar un poco por nosotros mismos y tener un poco de dignidad. Hay una edad para todo y es algo que conviene asumir.
¿Crees que todo vale a cualquier edad o al contrario opinas que hay que madurar e ir progresando con los años?